Cultura ¿Elección personal?

 

Aunque la cultura siempre está en constante proceso evolutivo, no es esta quien determina qué cultura debe adoptar el hombre o la mujer, sino que, es descubierta por él o ella misma con sus conocimientos y relaciones sociales.

Por Allisson Maltez

El ser humano desde su nacimiento está rodeado de cultura. En el periodo de su crecimiento tanto físico como emocional va moldeando una cultura de vida interpuesta por sus tutores; ellos enseñan desde la forma en cómo se debe vestir hasta cómo comportarse ante la sociedad, también, enseñan qué se debe respetar y qué no, qué es lo correcto y qué es lo incorrecto e incluso, proporcionan una religión según su dogma de fe, entre otros, que si termino de mencionarlos lleno la página completa.

Pero qué pasa, cuando ese individuo a lo largo de su adolescencia, juventud o vida adulta experimenta una vaga curiosidad, que hasta incluso yo la he tenido, de saber qué hay más allá de la cultura con que se desarrolló. Entonces, surgen las preguntas: ¿Depende del ser humano tener su propia cultura? ¿Depende de los demás, del conjunto que lo rodea?

Por lo tanto, para entender un poco mejor, he propuesto que aunque la cultura siempre está en constante proceso evolutivo, no es esta quien determina qué cultura debe adoptar el hombre o la mujer, sino que, es descubierta por él o ella misma con sus conocimientos y relaciones sociales.

Martín de la Rosa (2009), aunque en su investigación, eran estudios realizados en relación al turismo y cultura, nos habla un poco del comportamiento humano y expresa una realidad clave para continuar con mis argumentos: “(…) En otras circunstancias serán los individuos, como seres activos (…) los que  intenten solucionar sus problemas. (…) Modificarán unos sistemas socioculturales – que ellos mismos han ido modelando según sus necesidades y objetivos, una veces de formas consciente y otras de forma inconsciente” (p.35).

“Las culturas como sistemas abiertos no son estáticas. Las variables cambian, cambian sus relaciones. En ocasiones los cambios responden a cuestiones más o menos azarosas, como puede ser una catástrofe natural (…)” (Martín de la Rosa, 2009, p.35) pero, esto no significa que como la cultura está en constante movimiento va a decidir por el ser humano, solo influye en él. Pensemos en un ejemplo claro y conciso; el terremoto de 1972 desbastó a toda Managua, muchas edificaciones propias de la época desaparecieron, numerosas personas tuvieron que emigrar hacía Costa Rica u otro país, algunos se quedaron para empezar de cero y reconstruir lo poco que podían, en estos dos últimos aspectos es donde quiero llegar, el ser humano optó por decidir qué era lo correcto para él, “quedarse y ver lo que se puede rescatar de su cultura” o “viajar hacía una nueva cultura”, se producen cambios en la persona, claro que sí, pero ¿Quién decidió qué hacer ante ese problema? El individuo de una manera consiente para mejorar su vida. Recordemos que la cultura está en el entorno, tangible o intangiblemente empero no significa que decidirá por cada hombre o mujer.

Otro aspecto de cómo el ser humano decide que cultura optar, es porque se desplaza a diferentes culturas gracias al turismo. Hay un simple deseo de conocer lugares y el sentirse bastante identificado con una cultura de un país aunque no pertenezca a ella; sea cual sea la intención, está cargado de lo que yo le llamo “curiosidad”, de mezclarse con otras personas aportar y que aporten.

El turismo puede ser una fuente de ingreso para el que lo promueve, pero a la vez, inconscientemente está expuesto a un intercambio cultural por sus visitantes o consumidores, esa relación puede ser atractiva y hasta en algunos momentos cultivadora. Martín de la Rosa (2009) alega un concepto clave de lo que es el turismo: “un agente más de los procesos de globalización, una forma de consumo, y una búsqueda de la autenticidad” (p.11).

Todas las culturas utilizan las mismas herramientas pero su entendimiento o simbología no es la misma, es por eso, que el ser humano elige con el paso del tiempo cuál está arraigada con sus objetivos básicos. Por ejemplo, en Nicaragua tenemos Símbolo Patrios y Nacionales al igual que las demás culturas, pero, las de las demás culturas son diferentes. Si para mí, la bandera nacional que es azul y blanca representa la pureza, la paz y la libertad de Nicaragua, para otro país, es una simple bandera con colores azul y blanco que se mira vistosa con el escudo en el centro y, esa misma simpleza, se puede tener con otra bandera diferente a la de Nicaragua con la cual “no me sienta identificado(a)”.

Por eso, aunque utiliza el mismo objeto nunca será el mismo para todas las personas, entonces, si al ser humano, no le parece la cultura de su país, que suele llegar a ocurrir, su significado de la bandera Nacional es distinto y adopta otro entendimiento diferente a su cultura popular. Martín de la Rosa (2009) expresa que: “Los símbolos pueden ser lingüísticos o no. La asociación entre un símbolo y su referente se establece de manera arbitraria. La cultura, por tanto, es también simbólica (…)” (p. 13).

Puesto que no se nace con cultura, en el periodo de enseñanza y aprendizaje a lo largo de la vida, se busca una cultura que marque la autenticidad de la persona, de acuerdo a sus intereses más convenientes.

El conocer nuevas culturas o profundizar en la propia es la búsqueda de la realidad social del ser humano. La realidad del ser humano es identificar lo que le conviene y lo que no le satisface, todo gira al contexto cultural en el que nació, si le sacia se queda con ello y lo analiza escarbando el más íntimo detalle, observando a sus familiares y encontrando por qué son así, pero, si no le parece lo que le ofrece su cultura se encarga de buscar por sí mismo una nueva simbología para su vida.

Decidir “donde debo quedarme o a qué cultura pertenecer” es la búsqueda de la respuesta al existencialismo que muchas personas se plantean. No importa cuántas veces se cambie de cultura, o se intente modificar la que ya se tiene, sino, sentirse a gusto e identificado con la cultura que “yo poseo”.

Referencias bibliográficas:

Martín de la Rosa, B. (2009). Turismo en ecosistemas insulares: Antropología en el paraíso.      Recuperado de: www.pasosonline.org

Kanh, S. (1975). El concepto de cultura: Textos fundamentales. Barcelona: Anagrama.

 

 

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